Buenos Aires
Argentina
Aime Nahmod
Diseñadora Industrial
Docente - Investigadora

20 de agosto de 2025

Cuando la puerta no se abre

El desafío de enseñar cuando la llave no encaja


Cuando la puerta no se abre

Dar clases en materias de proyecto en FADU exige una entrega total. Quien enseña diseño sabe que, en poco tiempo, nos convertimos en expertos de los temas más insólitos. Si un estudiante trabaja sobre equipamiento para expediciones marinas, de repente sabemos todo sobre temperaturas bajo el agua. Si otro se enfoca en soluciones para el agro, terminamos investigando ciclos de cultivo, sistemas de riego y dinámicas rurales. Un proyecto de luminarias para situaciones de emergencia nos sumerge en normativas de seguridad, materiales resistentes y protocolos de rescate.

Cada estudiante abre una puerta. Al otro lado hay un mundo nuevo que nos transforma y nos obliga a aprender. Esa es la maravilla de la docencia en proyecto: no solo enseñamos, también viajamos a través de los ojos de quienes aprenden.

Pero no siempre las puertas se abren.

Hay veces en que un estudiante no cumple con los objetivos, no avanza, o parece inmune a nuestras devoluciones. Semanas enteras de trabajo, discusiones con el equipo docente, conversaciones con uno mismo pensando cómo acompañarlo… y, aun así, nada. Nos encontramos frente a una puerta cerrada.

La metáfora se vuelve inevitable: el aula es un pasillo con múltiples accesos. Algunos se destraban con llaves sencillas  -una pregunta justa, un ejemplo concreto, un empujón de confianza - . Otros requieren paciencia, tiempo, o volver a intentar con una llave distinta. Pero hay puertas que simplemente no ceden. Golpeamos, llamamos, probamos, y nada.

¿Y entonces?

Reconocer y aceptar que hicimos todo lo posible y aun así la puerta no se abre también forma parte del oficio docente. No podemos entrar en todos los mundos, no todas las llaves son nuestras, y no todos los estudiantes están listos para dejarse atravesar.

El verdadero desafío es convivir con esa imposibilidad. Entender que la enseñanza no es lineal ni garantizada, que el aprendizaje necesita también de la voluntad del otro. Y que, aun cuando una puerta queda cerrada, el pasillo sigue lleno de accesos, de recorridos posibles, de historias en construcción.