Buenos Aires
Argentina
Aime Nahmod
Diseñadora Industrial
Docente - Investigadora

29 de abril de 2026

¿Los diseñadores somos acumuladores?

Una de las primeras acciones que hacemos con los equipos docentes cuando la facultad publica el calendario académico es armar los…


¿Los diseñadores somos acumuladores?

Una de las primeras acciones que hacemos con los equipos docentes cuando la facultad publica el calendario académico es armar los cronogramas. ¿Cuántas clases tenemos este cuatrimestre? ¿Hay feriados? ¿Contingencias? Nos anticipamos a todo lo posible, gestionamos los riesgos y hasta consideramos algún partido del mundial que sabemos puede modificar la dinámica de la clase planificada.

En los últimos años, cada vez que nos sentamos a resolver ese esquema, comparando con las planificaciones del ciclo lectivo anterior, revisando notas y oportunidades de mejora aparece la misma sensación: las clases no nos alcanzan. De más está decir que siempre son las mismas entre 12 y 14 clases por cuatrimestre, las mismas 60 horas que tenemos desde hace años, y aun así algo en la planificación nos hace sentir que es insuficiente, como si el tiempo disponible se hubiera encogido sin que el calendario lo reflejara.

¿Qué está pasando?

Hace poco me di cuenta de que estaba pensando sobre esto de manera sesgada porque atribuía esa contracción del tiempo a factores externos: la fragmentación de la atención, las redes sociales que se convirtieron casi en un nuevo trabajo part-time que le consume horas a los estudiantes, los cambios en los modos de cursar, entre otras cosas. Creo que son hipótesis razonables, características que están presentes en la experiencia de los estudiantes de su ciudadanía universitaria pero sin embargo parciales, incompletas para terminar de explicar por qué los docentes lo sentimos tanto en nuestra planificación. ¿Por qué ya no nos alcanzan las clases si mantenemos una matrícula relativamente estable y equipos docentes acordes? ¿Qué cambió?

Dando una clase en la Licenciatura en Diseño Gráfico en San Isidro, mientras comparábamos dos sistemas identitarios de los juegos olímpicos conecté ideas y pensé una posible nueva hipótesis. Estábamos trabajando los conceptos de campo y dominio comparando material de México 68 y París 2024. Cuando puse en pantalla la carta olímpica de México -una revista impresa, de papel, con tipografía y grilla- junto a la aplicación digital de París se podía interpretar rápidamente que lo que estábamos comparando no eran dos versiones o soluciones al mismo problema, sino que eran dos dominios distintos que hoy un diseñador gráfico necesita conocer en simultáneo y que no se reemplazan.

Ahí encontré el núcleo de la cuestión del tiempo: el dominio del diseño en general crece de manera acumulativa. Necesitamos saber hacer una pieza impresa y también una aplicación digital. Hoy también cómo trabajar con herramientas de generación de imágenes por IA. Cada nueva tecnología se adiciona y no desplaza a la anterior. El dominio se expande sin descartar nada.

Considero que esta característica de acumulación de dominio diferencia al diseño de otras disciplinas de manera estructural. En medicina, por ejemplo, la incorporación de tecnologías como la laparoscopía transformó ciertos procedimientos quirúrgicos: la nueva técnica reemplazó a la anterior en muchos contextos. El conocimiento se actualiza, se reorganiza y en parte se descarta. En diseño rara vez descartamos. La revista impresa no desapareció cuando llegó la web. El afiche no desapareció cuando llegaron las redes. El libro no desapareció cuando llegó el ebook. Todo convive, todo sigue siendo necesario, todo forma parte del dominio que se espera que un diseñador maneje.

Buchanan ya advertía en su libro Wicked Problems de 1992 que el diseño tiene una tendencia estructural a expandirse hacia nuevos dominios sin abandonar los anteriores. El tiempo no alcanza porque el dominio crece de forma continua y acelerada. Pensándolo desde esta perspectiva, la preocupación por los tiempos no se constituye entonces en una falla de la planificación didáctica: es una característica estructural de la disciplina que todavía no hemos terminado de asumir como tal.

Según Nigel Cross en Designerly Ways of Knowing el conocimiento proyectual es transversal y difícilmente acotable. Lo que quizás ninguno de los dos anticipaba con suficiente claridad es la velocidad con que esa expansión se está produciendo hoy, traccionada por la evolución tecnológica. Mientras sigamos pensando los programas como si el dominio fuera estable, como si pudiéramos enseñar “todo lo necesario” en una cursada, seguiremos viviendo con esa sensación de insuficiencia.

Enseñar diseño hoy refuerza la idea de no transmitir el dominio completo, sino enseñar a habitarlo en expansión. Formar diseñadores que sepan moverse en un campo que crece, que puedan orientarse en lo nuevo sin perder lo aprendido, que desarrollen criterio para saber qué incorporar y qué dejar en segundo plano según el problema que enfrentan.

Y ahí me surge una pregunta sobre la identidad del diseñador que todavía no he podido responder: ¿somos acumuladores por vocación, o por necesidad? ¿Es esa capacidad de sumar saberes sin descartar una fortaleza que nos hace especialmente aptos para un mundo que tampoco descarta nada, que todo lo superpone y archiva? ¿O es también una carga, una especie de condena a vivir siempre en el borde de lo que se sabe y lo que todavía falta aprender?

¿Quizás ambas cosas a la vez? Probablemente la convivencia entre la plenitud de un dominio que crece y la incomodidad de no poder dominarlo del todo sea parte constitutiva de lo que significa ser diseñador hoy.


Lecturas que acompañaron este texto

Buchanan, R. (1992). Wicked problems in design thinking. Design Issues, 8(2), 5–21.

Cross, N. (2006). Designerly ways of knowing. Springer.