Buenos Aires
Argentina
Aime Nahmod
Diseñadora Industrial
Docente - Investigadora

16 de septiembre de 2025

Diseñar en un mundo líquido

El diseñador como agente y estratega en tiempos infinitos


Diseñar en un mundo líquido

El diseñador como agente y estratega en tiempos infinitos

En el libro de arena Borges imagina un libro imposible. Cada página aparece una sola vez y nunca vuelve a repetirse. Ese vértigo -la mezcla de fascinación y desasosiego frente a lo inabarcable — también esta latente hoy en los procesos proyectuales. La irrupción de la inteligencia artificial transformó nuestra experiencia profesional al diseñar en una magnitud desbordante donde cada prompt abre un universo arborizado e irrepetible imposible de cartografiar por completo.

Hace poco Mauro Suarez Torrico me invitó a ser parte de su hermoso proyecto y laboratorio sobre arte, educación y futuro. Me vino bien porque encontré la posibilidad de detenerme y pensar en diseño más allá de la urgencia de la cotidianeidad de las aulas. Así salieron a la superficie algunas ideas y autores que vengo explorando sobre la filosofía del diseño y sobre cómo enseñamos en la universidad. Este texto es una forma de darles lugar y de comenzar a desplegarlas.

En la universidad los marcos que solían darnos seguridad se vuelven cada vez más inestables. Lo que ayer parecía un criterio claro hoy se vuelve insuficiente. Lo que creíamos estable se deshace. Esa sensación de movimiento permanente es lo que Bauman definió como modernidad líquida: una época en la que nada dura demasiado y todo debe adaptarse con rapidez para no quedar obsoleto.

El diseño, en este escenario de problemáticas volátiles, ya no puede entenderse solo como el acto de dar forma a objetos estables. Diseñar en un mundo líquido es aceptar que lo sólido se disuelve y que los problemas se transforman antes de que podamos fijarlos. Pero eso no significa que el diseñador quede a la deriva. Todo lo contrario: su papel es el de un agente capaz de intervenir en medio de la inestabilidad.

En la era de la inteligencia artificial no podemos limitarnos solamente a adoptar nuevas herramientas tecnológicas. Debemos repensar el sentido mismo del diseño: ya no como un acto de fijar formas estables, sino como la capacidad de navegar entre procesos algorítmicos, resultados múltiples e inasibles. El diseñador se convierte en un estratega capaz de moverse entre lo infinito y lo líquido, pero sin perder de vista la singularidad de quienes habitan los espacios, usan los objetos y participan en los procesos de diseño.

Laboratorio efímero sobre arte, educación y futuro. Agosto 2025. Casa Belgrado. Buenos Aires. Argentina

En su libro No-Cosas Byung-Chul Han describe nuestra era como un tiempo de flujos inmateriales que se actualizan y se reemplazan sin cesar. La inteligencia artificial radicaliza esta condición: cada prompt genera un torrente de imágenes o textos que nunca se repiten igual. Ante ese flujo inagotable, el diseñador-estratega no puede competir con la máquina en volumen de producción. Su aporte está en la capacidad de dar dirección, construir criterio y dotar de sentido a la multiplicidad de resultados.

En este mar líquido y algorítmico, la docencia proyectual cobra un valor central. Los talleres no son solo espacios para entrenar técnicas, sino laboratorios donde se ensaya la práctica estratégica: navegar lo incierto, sostener la ansiedad, resistir la tentación de lo desechable. Y, sobre todo, trabajar con estudiantes que son presencias vivas: tienen cuerpo, se cansan, sienten y ocupan espacio. Esa condición encarnada es la que ninguna inteligencia artificial puede reproducir y la que mantiene al diseño anclado en lo humano.

Educar en una cultura que descarta lo que no fluye rápido o lo que se percibe como demasiado pesado implica enseñar también la ética de resistir la inmediatez y valorar los procesos. El diseño no puede reducirse a un producto descartable; su enseñanza tampoco. El taller proyectual necesita contraponerse a esa lógica, invitando a sostener, a insistir, a profundizar.

Si el Libro de arena era un objeto que desbordaba al lector, el diseño no puede permitirse quedar paralizado frente a lo infinito. Su tarea es convertir ese vértigo en materia de acción. Diseñar en un mundo líquido exige aceptar la inestabilidad sin resignarse a ella. La tarea no es domesticar lo inabarcable, sino trabajar con él, recordando siempre que el sentido profundo del diseño nace de la experiencia viva de crear con otros.


Libros que inspiraron estas reflexiones.

No-cosas: Byung-Chul Han

El diseño en la era de la inteligencia artificial: Javier Rico Sesé

El libro de arena: Borges


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